Somos fuego expulsando agua
en medio de torres de arena y ciudades de barro,
criaturas de algo
perdidas en la inmensidad del olvido terrenal.
Construcciones pretéritas hablando futuros imposibles:
la eternidad de los corazones de mercurio,
voces apagadas entre la maleza eléctrica,
desaparecidas en campos de arroz.
Nevadas primaverales,
inviernos cálidos que brotan de la sal.
Aura negra,
enferma de nosotros:
muerte aguda que transforma la sangre en acero.